{"id":478,"date":"2026-08-10T22:58:44","date_gmt":"2026-08-10T20:58:44","guid":{"rendered":"https:\/\/labofam.cl\/?p=478"},"modified":"2026-08-10T23:01:42","modified_gmt":"2026-08-10T21:01:42","slug":"prensa-cuando-el-nido-se-llena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/labofam.cl\/en\/2026\/08\/10\/prensa-cuando-el-nido-se-llena\/","title":{"rendered":"Prensa &#8211; Cuando el \u201cnido\u201d se llena"},"content":{"rendered":"<p>En la casa de Adriana Riquelme, en Lo Barnechea, hoy conviven cuatro generaciones. Tres de sus cuatro hijos han vuelto a compartir el hogar con ella y all\u00ed tambi\u00e9n viven dos de sus nietos. La \u00faltima en llegar fue su madre, de 82 a\u00f1os, quien se instal\u00f3 hace un a\u00f1o despu\u00e9s de que su salud se deteriorara y comenzara a requerir cuidados permanentes.<\/p>\n<p>La casa no se llen\u00f3 de una vez. Sus hijos volvieron de a poco; los tres (de 33, 27 y 25 a\u00f1os) hab\u00edan vivido antes por su cuenta y dos volvieron despu\u00e9s del t\u00e9rmino de sus relaciones de pareja. Ella reconoce que, en cierta forma, siempre contempl\u00f3 esa posibilidad.<\/p>\n<p>\u2014Yo pens\u00e9 que podr\u00edan volver porque ellos no se fueron a vivir a sus casas propias, no compraron casas. Si lo hubieran hecho, a lo mejor no hubieran vuelto \u2014piensa la mujer de 55 a\u00f1os, que hoy dedica buena parte de sus d\u00edas al cuidado de su madre y de su nieto de cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<p>Con cada llegada, la casa se transform\u00f3. Uno de sus hijos construy\u00f3 una habitaci\u00f3n en la parte posterior. Otro, cuando regres\u00f3, tuvo que dormir durante un tiempo en el sill\u00f3n del comedor. Y cuando la madre de Riquelme enferm\u00f3, hubo que reorganizar nuevamente los dormitorios. La casa tiene cinco habitaciones, pero hoy alberga a varias generaciones que deben acomodarse a un espacio que antes se distribu\u00eda de otra manera.<\/p>\n<p>\u2014Uno tiene que acostumbrarse, ya no tiene tanta privacidad \u2014dice Riquelme.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n forma parte de un fen\u00f3meno conocido como &#8216;nido lleno&#8217;, utilizado para describir hogares en los que hijos adultos permanecen o regresan a vivir con sus padres. En un sentido m\u00e1s amplio, la convivencia bajo un mismo techo de adultos de distintas generaciones de una familia tambi\u00e9n se conoce como corresidencia multigeneracional.<\/p>\n<p>En enero del a\u00f1o pasado, una investigaci\u00f3n de acad\u00e9micas de la Universidad Cat\u00f3lica, publicada en Estudios Demogr\u00e1ficos y Urbanos, analiz\u00f3 los censos realizados entre 1982 y 2017 y mostr\u00f3 un cambio en la composici\u00f3n de estos hogares: los arreglos de tres generaciones se redujeron a la mitad, mientras aumentaron las personas mayores que viven \u00fanicamente con hijos adultos de 25 a\u00f1os o m\u00e1s.<\/p>\n<p>Camilo Sembler, soci\u00f3logo y acad\u00e9mico de la Universidad de Chile, advierte que estos hogares no constituyen una novedad en el pa\u00eds. Las familias extendidas han sido hist\u00f3ricamente una forma de organizaci\u00f3n, pero lo que cambi\u00f3 son las condiciones que hoy vuelven m\u00e1s fr\u00e1gil la posibilidad de mantener una residencia independiente, considerando un mercado laboral marcado por la informalidad y la precariedad.<\/p>\n<p>\u2014Se logra, pero muchas veces frente a una situaci\u00f3n de desempleo de alg\u00fan familiar o alg\u00fan costo, no es poco habitual que se vuelva al hogar de origen \u2014describe.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de esa vuelta existe tambi\u00e9n una tensi\u00f3n cultural. Sembler explica que la autonom\u00eda y la independencia siguen estando fuertemente asociadas al reconocimiento de la adultez. Por eso, depender nuevamente de la familia puede chocar con una trayectoria que socialmente se imagina como lineal, enfocada en tres pasos: dejar la casa de los padres, alcanzar la independencia econ\u00f3mica y construir un hogar propio.<\/p>\n<p>Sin embargo, el acad\u00e9mico advierte que las trayectorias cambian, la independencia puede interrumpirse y hogares que alguna vez comenzaron a vaciarse vuelven a convertirse en espacios compartidos entre adultos de distintas generaciones. Y all\u00ed el nido comienza a llenarse.<\/p>\n<p>Los que llegan<\/p>\n<p>Durante a\u00f1os, Betsabet Arriagada intent\u00f3 tener una vida independiente junto a su hijo, pero distintas circunstancias la obligaron m\u00e1s de una vez a reorganizar d\u00f3nde y con qui\u00e9n vivir. Como madre soltera, mantener un hogar por su cuenta no siempre fue posible y en algunos per\u00edodos volvi\u00f3 a vivir con su madre. La convivencia, sin embargo, fue dif\u00edcil y con el tiempo terminaron distanci\u00e1ndose.<\/p>\n<p>El \u00faltimo cambio fue durante la pandemia. Mientras acompa\u00f1aba a una de sus t\u00edas en un tratamiento contra el c\u00e1ncer, Arriagada perdi\u00f3 su trabajo y estas le ofrecieron trasladarse con su hijo a la casa que compart\u00edan en Conchal\u00ed. Tres a\u00f1os despu\u00e9s, y tras el fallecimiento de una de ellas, Arriagada todav\u00eda vive all\u00ed junto a su otra t\u00eda y su hijo de 17 a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014Yo nunca hubiese querido ir a vivir con mis t\u00edas. Yo soy muy independiente y vivir con otras personas es muy dif\u00edcil.<\/p>\n<p>Aunque Arriagada no vive en el que fue su hogar de la infancia, su historia responde a una l\u00f3gica familiar: cuando mantenerse en una vivienda propia no es posible, la familia se transforma en un punto de regreso.<\/p>\n<p>Juan Pablo Westphal, psic\u00f3logo de Cl\u00ednica Santa Mar\u00eda, explica que cuando una persona abandona el hogar familiar y se independiza, comienza a construir sus propias rutinas, normas y costumbres. Por eso, cuando instalarse con los familiares no es voluntario, sino provocado por una dificultad \u2014la p\u00e9rdida de un trabajo, una separaci\u00f3n de pareja o la insolvencia econ\u00f3mica\u2014, este puede estar acompa\u00f1ado de incertidumbre, incomodidad y frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por su parte, Mar\u00eda Paz Altuzarra, psic\u00f3loga de Cl\u00ednica Universidad de los Andes, plantea que vivir con los familiares no necesariamente significa depender de ellos. Para la especialista, lo importante es conservar la &#8216;independencia psicol\u00f3gica&#8217;, es decir, seguir tomando decisiones y asumiendo responsabilidades.<\/p>\n<p>\u2014La independencia que uno busca es psicol\u00f3gica, no f\u00edsica del lugar donde uno vive \u2014afirma Altuzarra.<\/p>\n<p>No obstante, mientras la autonom\u00eda puede mantenerse al margen del lugar donde se vive, acceder a un espacio propio se ha vuelto m\u00e1s dif\u00edcil. El estudio de las investigadoras de la Universidad Cat\u00f3lica muestra que, durante el per\u00edodo analizado los precios de venta de las viviendas se duplicaron y los arriendos aumentaron un 50%.<\/p>\n<p>Betsabet Arriagada as\u00ed lo ha vivido y construir un espacio propio sigue siendo una meta. Hoy intenta estabilizar su situaci\u00f3n laboral mientras se capacita y desarrolla trabajos relacionados con la est\u00e9tica, pero lo que m\u00e1s le preocupa es el paso del tiempo frente a lo que inicialmente deb\u00eda ser una soluci\u00f3n transitoria.<\/p>\n<p>\u2014Mi hijo ya tiene 17 a\u00f1os. En un tiempo m\u00e1s quiz\u00e1s \u00e9l va a pensar en irse y yo todav\u00eda voy a estar donde mi t\u00eda. Espero que no pase, pero me da mucha pena.<\/p>\n<p>Aunque Arriagada agradece el apoyo de su familia, afirma que sentirse acogida no ha eliminado su deseo de recuperar un espacio propio.<\/p>\n<p>\u2014Es un lugar de paso que no se siente como tu casa. Yo lo agradezco much\u00edsimo porque uno llega all\u00e1 y dice: &#8216;Ya, aqu\u00ed estamos seguros, estamos calentitos, tenemos techo, tenemos comida&#8217;. S\u00ed, pero tambi\u00e9n se siente que nuestro espacio no es nuestro lugar.<\/p>\n<p>Los que reciben<\/p>\n<p>En abril de este a\u00f1o, la casa de Karla Bustamante cambi\u00f3 de un d\u00eda para otro. Sus padres, de 76 y 70 a\u00f1os, atravesaban una situaci\u00f3n que hac\u00eda dif\u00edcil que siguieran viviendo donde estaban y ella decidi\u00f3 recibirlos. No hubo una larga preparaci\u00f3n ni conversaciones sobre c\u00f3mo se repartir\u00edan los espacios o cu\u00e1les ser\u00edan las nuevas reglas; como ella misma dice, fue una &#8216;decisi\u00f3n de auxilio&#8217;.<\/p>\n<p>Desde entonces, los cambios que se ve\u00edan peque\u00f1os comenzaron a pesar. Bustamante trabaja como peluquera y la primera rutina que cambi\u00f3 fue la de su hija de diez a\u00f1os, a quien sac\u00f3 de una escuela de f\u00fatbol porque ya no pod\u00eda compatibilizar los tiempos de traslados. Los gastos \u2014aunque apoyados por las pensiones que reciben sus padres\u2014 tambi\u00e9n se incrementaron, y el presupuesto que antes estaba destinado al n\u00facleo compuesto por Bustamante y sus dos hijos tuvo que redistribuirse para responder a las necesidades de cinco personas.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando habla de lo que m\u00e1s le ha costado, Karla Bustamante responde sin dudas:<\/p>\n<p>\u2014El principal problema ha sido la convivencia en s\u00ed, el roce de la casa \u2014reconoce la peluquera de 46 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La llegada reuni\u00f3 bajo el mismo techo distintas generaciones, cada una con sus rutinas y maneras de entender c\u00f3mo debe funcionar una familia. Con su madre, por ejemplo, han surgido diferencias respecto de la crianza de sus hijos y de las decisiones que se toman dentro de la casa. Bustamante ve estas tensiones en situaciones cotidianas. Su madre habitualmente invita a otros familiares sin consultarle, y en estos episodios dice que est\u00e1 la mayor dificultad: establecer qui\u00e9n toma las decisiones.<\/p>\n<p>\u2014Ella piensa que es la jefa del hogar \u2014asevera Bustamante, quien dice estar al medio de una situaci\u00f3n que en ocasiones la sobrepasa. Por un lado es la hija de quienes llegaron, pero tambi\u00e9n la adulta que hasta entonces manejaba su propio hogar.<\/p>\n<p>Esa tensi\u00f3n tiene un componente cultural. Valentina Jorquera, investigadora principal y coordinadora del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, explica que en Chile y Latinoam\u00e9rica persiste una concepci\u00f3n donde cada hogar tiene una persona que lo conduce. Cuando dos generaciones que han organizado sus propias vidas pasan a compartir una misma vivienda, pueden encontrarse tambi\u00e9n formas distintas de entender c\u00f3mo se habita y qui\u00e9n toma las decisiones. A eso se suma, en el caso de las personas mayores, la p\u00e9rdida de autonom\u00eda que puede implicar abandonar la propia vivienda y tener que recurrir a los hijos.<\/p>\n<p>\u2014Volver a la casa de un hijo lo perciben como un fracaso vital; eso va muy aparejado a problemas de salud mental, porque tienen que solicitar ayuda en una cultura que piensa que esta tiene que ir en la otra direcci\u00f3n, donde los padres entregan ayuda a los hijos y no los hijos a los padres.<\/p>\n<p>Para el psic\u00f3logo Westphal, en ambos escenarios es fundamental reconocer que quien llega se incorpora a un hogar que ya tiene rutinas propias. Conversar los l\u00edmites, acordar las formas de convivencia y proyectar cu\u00e1nto tiempo durar\u00e1 el arreglo puede evitar que las fricciones se acumulen.<\/p>\n<p>\u2014Si llegan unos padres a vivir con un hijo y traen sus rutinas que alteran la vida del hijo, ah\u00ed va a empezar una guerra sutil que puede generar mucha tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero antes de resolver c\u00f3mo convivir, muchas familias deben decidir qu\u00e9 hacer cuando los padres ya no pueden vivir solos. Jorquera explica que, a medida que avanza la vejez, determinados cambios como una enfermedad, la viudez, una disminuci\u00f3n de los ingresos o la aparici\u00f3n de necesidades de cuidado pueden hacer que dos hogares que durante a\u00f1os funcionaron separados vuelvan a reunirse.<\/p>\n<p>El soci\u00f3logo Sembler agrega que las alternativas disponibles dependen de los recursos econ\u00f3micos de cada familia. Frente a una persona mayor que comienza a necesitar cuidados, una residencia o la contrataci\u00f3n de asistencia privada no son opciones accesibles para todos.<\/p>\n<p>\u2014Gran parte de la poblaci\u00f3n en Chile no tiene las condiciones para pagar ese tipo de servicios. Entonces, m\u00e1s bien lo que operan ah\u00ed son las redes familiares informales \u2014describe el soci\u00f3logo y agrega:<\/p>\n<p>\u2014Es m\u00e1s habitual que los adultos mayores pasen a residir, por ejemplo, con las hijas; es decir, que sean las hijas las que asuman un lugar muy importante en el cuidado de los adultos mayores.<\/p>\n<p>En la casa de Adriana Riquelme, ese otro movimiento del nido ocurri\u00f3 hace un a\u00f1o. Su madre vivi\u00f3 de forma independiente y se hac\u00eda cargo de sus gastos gracias a un puesto de venta en Avenida La Dehesa, pero tras el cierre de este, su salud comenz\u00f3 a deteriorarse y ya no pudo permanecer sola. Riquelme, quien es hija \u00fanica, decidi\u00f3 recibirla.<\/p>\n<p>Hoy su madre necesita asistencia diaria y requiere medicamentos. Riquelme combina esas tareas con el cuidado de su nieto de cuatro a\u00f1os y con el funcionamiento cotidiano de una casa donde conviven cuatro generaciones.<\/p>\n<p>\u2014Una nunca tiene tiempo. Cuando una se sienta a comer, ah\u00ed reci\u00e9n hay un poco.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Paz Altuzarra explica que, cuando la llegada de los padres est\u00e1 asociada a una p\u00e9rdida de autonom\u00eda, el hijo puede convertirse en su principal cuidador. A las responsabilidades que ya ten\u00eda se agregan nuevas tareas y preocupaciones que, cuando se prolongan en el tiempo, pueden traducirse en agotamiento.<\/p>\n<p>\u2014Los hijos, cuando les toca ser el principal cuidador, tambi\u00e9n tienen que enfrentar el estr\u00e9s de serlo \u2014afirma.<\/p>\n<p>Pese a esto, la investigadora Valentina Jorquera asegura que vivir entre generaciones no constituye por s\u00ed mismo un factor de riesgo ni tampoco uno protector. La especialista afirma que sus efectos dependen del rol econ\u00f3mico y funcional que mantenga la persona mayor dentro del hogar y del grado de autonom\u00eda que conserve. De esta forma, mientras en algunos casos pueden surgir tensiones, en otros la convivencia puede significar compa\u00f1\u00eda, apoyo y protecci\u00f3n frente a la soledad. As\u00ed lo resume:<\/p>\n<p>\u2014La corresidencia es el mecanismo que tenemos en Chile para absorber los shocks de vulnerabilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-large wp-image-479\" src=\"https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-724x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"724\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-724x1024.jpg 724w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-212x300.jpg 212w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-768x1086.jpg 768w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-1087x1536.jpg 1087w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-1449x2048.jpg 1449w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-8x12.jpg 8w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view1-scaled.jpg 1811w\" sizes=\"auto, (max-width: 724px) 100vw, 724px\" \/> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-large wp-image-481\" src=\"https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-724x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"724\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-724x1024.jpg 724w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-212x300.jpg 212w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-768x1086.jpg 768w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-1086x1536.jpg 1086w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-1448x2048.jpg 1448w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-8x12.jpg 8w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view2-scaled.jpg 1811w\" sizes=\"auto, (max-width: 724px) 100vw, 724px\" \/> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-large wp-image-480\" src=\"https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-801x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"801\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-801x1024.jpg 801w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-235x300.jpg 235w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-768x982.jpg 768w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-1201x1536.jpg 1201w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-1602x2048.jpg 1602w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-9x12.jpg 9w, https:\/\/labofam.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/view3-scaled.jpg 2002w\" sizes=\"auto, (max-width: 801px) 100vw, 801px\" \/><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la casa de Adriana Riquelme, en Lo Barnechea, hoy conviven cuatro generaciones. 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